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13 de julio de 2012

Tres poemas de José Mármol

Otra vez un poema
Cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor
desprecia. cada flor es una voz. un lenguaje abierto
a la piedad. al amor. al tedio, un cosmos reunido en una
breve mancha nacida para el aire. tímido latido del
inmenso letargo celestial esa flor. un vagido tal vez de
algún dios corrompido. por la estirpe de barro soplado y
su alfabeto. cada palabra es una flor que aborrece su
forma y en el instante queda.

Pensamiento
Para qué preguntar por la salida si la entrada fue un don
de lo desconocido. para qué los intentos por descifrar
la vasta superficie de un milagro. para qué presumir
sabiduría y dominio. sabio es el viento que no tiene
memoria. que sólo cuando pasa es. que pueda pasar
iracundo o tierno. sabio es el viento. uno de los cuatro
elementos en el sueño. y no lo sabe nunca. y nunca lo
sabrá.

Abdicación
Dios es como el fuego, cuya pasión redime,
Como el viento poderoso, cuyo ardor desnace todo.
Dios, temor y fuerza de seguirle o acosarlo,
Como el tiempo, como el sueño y como el baño santo
de las termas paganas.
Es como un fuego Dios, su amor devora y crea.
Dónde a Dios buscar sin vano desafío?
Sea en el prodigio de tu cuerpo y tu voz,
En el quejido lento de animales y brisas,
En la distancia unida por las hierbas y las piedras,
En los repliegues suaves del mar, que es piel del cielo
O en la muda palabra de una oración estéril.
¿Dios, perpetuo buscarse,
Forma transparente de lo que nunca es?
Es como el agua Dios, cuyo beso nos pudre,
Cuchillo destapando el centro de los sueños
Y si más hondo el filo, más fecundo, más brillante
el animal que acude.
Dios es el tormento de creer o descreer,
Dimensión de lo enorme y lo nimio simultáneos,
Sentido de lo ágil, lo inasible,
Equilibrio inmutable del designio y del azar,
Contenido sin esencia a no ser la de mi voz.
Dios ya no enferma. Dios, cuyo destino le aterra
y desconcierta.
Dios soñó entonces con cuerpo de vestir,
viandas sobre la mesa,
Con cuentos de niñez (porque ha de ser terrible
haber nacido inmenso).
Dios es como un canto, cuya vocal se ahonda
Y va ganando plenas distancias eco adentro.
Dios, el que ama todo sin conocer ternuras,
Sin haber sido limpia superficie de un beso.
El iracundo, el sobrio, el que ha llorado ráfagas
de insensatez y tedio.
Es como el fuego Dios, cuya pasión consume,
Como lluvia torrencial, cuyo crimen fecunda.
Dios es como el aire, sin ser visto abraza todo,
Dios es como yo y en mi palabra quema la luz
que lo refugia.

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