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26 de julio de 2012

Sexismo

Hace poco leí una frase de esas que atestan las redes sociales que me impactó muchísimo y me fue inevitable recrear algunas de las advertencias que recibido en mi joven vida.
"Vivimos en una sociedad que le enseña a las mujeres a cuidarse de no ser violadas en lugar de enseñarle a los hombres a no violar"
Esa es nuestra realidad: La mujer sigue viéndose, juzgándose, vistiéndose, expresándose y defendiéndose como si fuese un objeto sexual.
En verdad, me sentí más suceptible a la frase tanto por haber sufrido un abuso sexual como por ser madre de una niña de 6 años.
Mi madre decía que los hombres sólo quieren bajarle la ropa interior a las mujeres.
Una líderesa de la iglesia decía que los hombres son malos.
Una compañera de trabajo decía que las mujeres debemos de aprovechar la debilidad de los hombres para superarnos económicamente, que había que ser "inteligente".
Un compañero de la universidad decía que los hombres corrompen a las mujeres, que las hacen malas.
Pareciera que se nos olvida o nunca entendemos que más allá de nuestro órgano sexual y reproductivo somos seres humanos con emociones y con la capacidad de inventar, de crear y de producir. Nos limitamos y limitamos a las personas de forma colectiva a través de los convencionalismos sociales que con el paso apresurado de nuestro tiempo ya se han modificado de forma sorprendente y son aún más falsos y perjudiciales.
Existen muchas campañas de sensibilización y prevención de la violencia que están siendo opacadas por la propaganda sexista y libertina en la que se promueve una extraña liberación de la mujer.
En las calles es cada día más común encontrar esas "divas suburbanas" que enganchan sus intereses inmediatos al sexo con uno o varios hombres; ofertas de prostitución en escalas inimaginables; ardides y estafas; acoso sexual laboral sin la posibilidad de denuncia puesto que las condiciones impiden ejercer los derechos; acoso en las aceras, en los buses y en los centros comerciales; y la terrible saturación gráfica y auditiva en la que se profesa el sexo como algo efímero y como sinónimo exclusivo de placer.
La verdad es que los exiguos programas de educación sexual son ineficientes.
Las Ong´s son una farsa muy conveniente para los gobiernos que tampoco tienen voluntad de ejecutar cambios profundos en la niñez y la juventud.
Entiendo que el problema es mucho más complejo, que no está aislado y que está fuertemente vinculado con la composición socio-económico de nuestro país empobrecido; sin embargo, me pregunto: ¿Habrá verdaderamente una contraparte de la tergiversación de las conductas sexuales saludables para nuestra sociedad? Es decir, ¿Existe una forma de desarrollar plenamente nuestra sexualidad sin que se menoscabe la sexualidad de alguien más?
¿Quién se beneficia de una sociedad como la nuestra? Niñas pariendo en los hospitales, niños asumiendo roles que no entienden, abandonos, violaciones, desempleo... es espeluznante pensar en lo inescrupuloso que puede ser ese beneficiario.

13 de julio de 2012

Tres poemas de José Mármol

Otra vez un poema
Cada palabra es una flor que aborrece su forma y su olor
desprecia. cada flor es una voz. un lenguaje abierto
a la piedad. al amor. al tedio, un cosmos reunido en una
breve mancha nacida para el aire. tímido latido del
inmenso letargo celestial esa flor. un vagido tal vez de
algún dios corrompido. por la estirpe de barro soplado y
su alfabeto. cada palabra es una flor que aborrece su
forma y en el instante queda.

Pensamiento
Para qué preguntar por la salida si la entrada fue un don
de lo desconocido. para qué los intentos por descifrar
la vasta superficie de un milagro. para qué presumir
sabiduría y dominio. sabio es el viento que no tiene
memoria. que sólo cuando pasa es. que pueda pasar
iracundo o tierno. sabio es el viento. uno de los cuatro
elementos en el sueño. y no lo sabe nunca. y nunca lo
sabrá.

Abdicación
Dios es como el fuego, cuya pasión redime,
Como el viento poderoso, cuyo ardor desnace todo.
Dios, temor y fuerza de seguirle o acosarlo,
Como el tiempo, como el sueño y como el baño santo
de las termas paganas.
Es como un fuego Dios, su amor devora y crea.
Dónde a Dios buscar sin vano desafío?
Sea en el prodigio de tu cuerpo y tu voz,
En el quejido lento de animales y brisas,
En la distancia unida por las hierbas y las piedras,
En los repliegues suaves del mar, que es piel del cielo
O en la muda palabra de una oración estéril.
¿Dios, perpetuo buscarse,
Forma transparente de lo que nunca es?
Es como el agua Dios, cuyo beso nos pudre,
Cuchillo destapando el centro de los sueños
Y si más hondo el filo, más fecundo, más brillante
el animal que acude.
Dios es el tormento de creer o descreer,
Dimensión de lo enorme y lo nimio simultáneos,
Sentido de lo ágil, lo inasible,
Equilibrio inmutable del designio y del azar,
Contenido sin esencia a no ser la de mi voz.
Dios ya no enferma. Dios, cuyo destino le aterra
y desconcierta.
Dios soñó entonces con cuerpo de vestir,
viandas sobre la mesa,
Con cuentos de niñez (porque ha de ser terrible
haber nacido inmenso).
Dios es como un canto, cuya vocal se ahonda
Y va ganando plenas distancias eco adentro.
Dios, el que ama todo sin conocer ternuras,
Sin haber sido limpia superficie de un beso.
El iracundo, el sobrio, el que ha llorado ráfagas
de insensatez y tedio.
Es como el fuego Dios, cuya pasión consume,
Como lluvia torrencial, cuyo crimen fecunda.
Dios es como el aire, sin ser visto abraza todo,
Dios es como yo y en mi palabra quema la luz
que lo refugia.