Loading...

2 de marzo de 2012

El abuelo materno

Esta mañana recordé a mi abuelo materno. No interactué mucho tiempo con él antes de su asesinato, solamente recuerdo una visita a su casa en Santa Tecla y dos encuentros en nuestra casa.
La imagen que tengo en mi memoria proviene de las fotografías de sus documentos que mi madre guardó después del entierro, junto con la chumpa que andaba el día en que lo mataron, en la que se podían observar los agujeros de las balas que impactaron su espalda y su pecho; además de unos libros con forro de plástico viejo que en su interior, en la primera y en la última página, tenían sellado su Ex-libris.
Roberto Serrano, ése era su nombre. Fue asesinado después de los Acuerdos de Paz, una mañana de febrero cuando llegaba a su vivienda.
Durante el conflicto armado, mi abuelo estuvo altamente activo. Perteneció al Sindicato de la fábrica de Oliva y formó parte del Consejo Directivo representando a los Trabajadores en el Seguro Social.
Ignoro la dimensión de su involucramiento con la lucha popular. Lo que si tengo certeza es que fue asesinado por sicarios. Su muerte no fue un accidente. Su muerte tuvo los matices de un exterminio premeditado y selectivo.
Pero esta mañana recordé a mi abuelo como parte de la familia.
Hice memoria de dos de las historias que mi madre solía contar sobre él.
La primera trataba sobre un "tenguereche" que apareció un día en una bodega de la fábrica. Mi abuelo le contó que empezó a molestar al reptil. Lo golpeaba en la cabeza y luego se ocultaba de él. El "tenguereche" al no ver quien lo molestaba, se enojó tanto que explotó de rabia ante sus ojos.
La segunda historia trataba sobre una "expedición" que hizo a la montaña. Le contó que subió por un sendero y rozó una flor de "florifundia" o "dormilona" -no recuerdo exactamente- y que pernoctó en el lugar durante tres días. Daba vueltas en el mismo lugar sin poder salir, como en un laberinto.
Son los únicos recuerdos que tengo de él, que en la plenitud de mi niñez me impresionaron.
Durante mi adolescencia me impresionaron sus lecturas. De hecho, el primer libro que recuerdo haber leído que no fuera la Biblia o que tuviera que ver con ella, fue: Los Versos Satánicos de Salman Rusdhie. Era un libro de su pertenencia.
No recuerdo vela ni entierro.
Nunca le hemos visitado en el día de los muertos.
Nadie habla de él.
Simplemente se sabe que hubo un hombre que antes de irse a vivir con otra mujer a Santa Tecla, le gustaba ir al cine a medianoche con la mamá de sus dos hijos y caminar hasta la casa después de la función; que hubo un padre que trabajaba haciendo fórmulas de jabón para la piel y que padecía del corazón; que hubo un abuelo que tenía bigote y ojos achinados y que un día murió asesinado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario