Loading...

15 de julio de 2011

Efeméride nefasta

Era la madrugada lluviosa del 15 de julio de 2010. Tambaleaba sobre el asfalto húmedo sin aparente rumbo. Mi aliento amargo resoplaba mientras intentaba proferir la ofensa más terrible hacia el hombre que me había abandonado en plena ciudad. A duras penas lograba mantenerme en pie. Los tacones de diez centímetros de alto se doblaban como floretes al contacto con el asfalto. Arranqué abruptamente el collar que rodeaba mi frágil cuello y tiré los aretes sobre un arriate despoblado. Me senté en la acera. Estaba cansada. Venía caminando desde las proximidades del redondel Bandel Powel hacia el centro de la ciudad. Había bebido una cantidad exagerada de alcohol de manera que mi cuerpo estaba completamente intoxicado. Mis capacidades motrices, por ende, habían menguado. Me asomé hacia un portón de barras separadas y muy alto. Un vigilante se acercó. Le pedí que me dejara pasar adentro, pues eran las tres de la mañana y faltaba mucho para que pasara un autobús, y quería descansar en un lugar seguro. Me abrió el portón y me llevó hacia unas mesas. Me recosté y me dormí. A partir de este momento sólo recuerdo algunas escenas producto de la modorra y del alcohol. Recuerdo que me levantaron y me condujeron hacia una habitación en la que habían muchos casilleros. Tendieron una especie de petate en el suelo. Me pusieron contra la pared mientras un hombre me sostenía las manos con rudeza y otro me desnudaba. Ambos abusaron sexualmente de mí. Recuerdo algunas de sus expresiones soeces mientras me mostraban sus escopetas de perdigones y me dejaban tirada en el suelo. Volví a perder la conciencia. Al amanecer, uno de ellos me dio un puntapié para despertarme y llevarme hasta la parada de buses.
"Aquí te tratamos bien, no te podés quejar. Te dimos dónde dormir y te atendimos bien" Dijo un vigilante cuando salía de aquel lugar. Me dormí en todo el trayecto. Llegué a casa en un terrible estado de ebriedad. Cuando desperté estaba adolorida y con fiebre.
Después de esa madrugada no salí durante una semana ni a la tienda. No hablé de eso con nadie y decidí borrarlo de mi mente, como resultado me brotó una Urticaria de origen nervioso que traté durante un mes con mucha dificultad. Seis meses después me hice un chequeo físico completo y la primera prueba de VIH y todo resultó bien. A partir de ese momento estuve en tratamiento psicológico con el cual pude reconstruir los hechos.
Muchas veces escuchamos historias de este tipo y creemos que estamos tan lejanas y exentas de experimentar una agresión sexual o que una noche de juerga se convierta, de pronto, en una pesadilla. La verdad que en este país no estamos inmunes a cualquier tipo de violencia.
Hace un año sufrí ese abuso sexual y en esta efeméride nefasta decidí compartirlo como una forma de enfrentarme ante ese monstruo y liberarme de sus flagelos.