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8 de mayo de 2011

Mis exigencias emocionales pueden ser destructivas

Temores

Esta pared blanca sobre la que el cielo hácese a sí mismo:
infinita, verdad, intocablemente intocable.
Los ángeles se bañan en ella, y las estrellas igualmente, en indiferencia también.
Mi medio son.
El sol se disuelve contra esa pared, desangrándose de sus luces.

Gris es la pared ahora, desgarrada y sangrienta.
¿Cómo salir de la mente?
Los pasos a mi zaga concéntranse en un pozo.
Este mundo carece de árboles y de pájaros,
solo hay agrura en él.

La pared roja no hace más que sobresaltarse:
un puño rojo se abre y se cierra,
dos papelosas bolsas grises:
he aquí mi materia, bueno: y terror también
a que llévenme entre cruces y una lluvia de lástimas.

Irreconocibles pájaros en una pared negra:
torciendo el cuello.
¡Esos sí que no hablan de inmortalidad!
Dos frías balas muertas se nos aproximan:
con mucha prisa vienen.

Sylvia Plath. De "Árboles de Invierno" 1971.
Versión de Jesús Pardo.

En este cruel e intenso poema se ha descrito mi habitación luego de una discusión. Odio la tensión que se produce después de un altercado con mi esposo. Sé que todas las convivencias deben sufrirlas y es equívoco esperar que un roce nunca traspasará los linderos de la tolerancia. Sin embargo, es duro entender la reacciones de la psiquis en defensa de sí mismo, sin que éstas sean menoscabadas por la furia y el resentimiento.
Me he pensado mucho al respecto y he podido determinar dos características en mis reacciones ante un conflicto. La primera es que intento reparar el daño que, desde mi perpectiva, pude haber causado con un discurso interpretativo, extenso y muy bien ejemplificado sobre mis errores, inseguridades, miedos, expectativas, disgutos, etc. Hago esto porque no soporto el silencio del enojo, pues me hace especular demasiado. En segundo lugar, como una fiel creyente de la justicia y la igualdad de condiciones espero que mi esposo haga lo mismo y ahí está el meollo. Él sólo me escucha, me observa y se da la vuelta. Entonces emprendo la labor de persuadirlo para que exprese su sentir y termino muy molesta. Esta situación es desgastante e improductiva.
La verdad es que no todas las personas responden de la misma forma, por muy racional e ideal que me parezca mi reacción. La forma de canalizar un conflicto depende tanto de la personalidad como del proceso de socialización del individuo. La clave está en entender y aceptar la forma de reaccionar de la psiquis de los seres a los que profeso algún cariño para evitar heridas profundas y determinantes en ellos por mi empeño de querer hacer las cosas como creo que deben de ser.
En este sentido, he concluido que esperar de mi esposo una reacción similar a la mía cuando estamos en desacuerdo es una exigencia emocional semejante a que un terapeuta pretenda que con una visita ocasional, una jovencita abusada sexualmente supere el odio que tiene por su agresor.
Debo ser más cuidadosa.
Considero que el orgullo también tiene sus límites y que a veces el silencio es la mejor catarsis.

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