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21 de marzo de 2011

Manifiesto Chovinista (Pese al extranjerismo de la frase)

He pensado mucho en el accidente que recientemente protagonizó un joven español que conducía en estado de ebriedad, el cual embistió a un pick up policial luego de irrespetar las leyes de tránsito, produciendo la muerte de un agente y varios lesionados. Sedujo mi cavilación debido a que el joven español, es un fotoperiodista de EL FARO; un medio de comunicación electrónico que se caracteriza por ser reclacitrante ante la denuncia, la protesta y el análisis crítico del acontecer político y económico nacional y de Latinoamérica.
Las imágenes que aparecen en un noticiero local son vergonzosas. Una residente española cubre el lente de la cámara con su mano, mientras el periodista del noticiero intenta obtener detalles de lo sucedido. El medio de comunicación televisivo, gracias a su astucia tan particular, logró conocer el nombre y profesión del conductor temerario y darlo a conocer en la misma nota.
En la web, solamente el diario digital LA PAGINA informó sobre el hecho.
En el sitio oficial de EL FARO encontré un pronunciamiento irresponsable, escueto y carente de la sensibilidad con la que suelen matizar a sus reportajes y opiniones.
¿Por qué?
Si la situación hubiese sido a la inversa, es decir, un pick up de la PNC embistiendo a la camioneta del "solidario fotoperiodista internacional" y resultando muerto, imagino una lluvia de información, de pronunciamientos y de muestras de condolencia por la muerte.
Pero no ha sido así; y me parece muy desagradable esta situación.
Un adefesio de malinchismo y esnobismo está expandiéndose en diferentes esferas de nuestra sociedad sin identidad. Los protagonistas de los problemas severos de alcoholismo y de drogadicción; los receptores del trabajo sexual público y privado; el acoso laboral; la discriminación económica, no son exclusivamente salvadoreños y salvadoreñas, si no también extranjeros que, muchas veces asolapados en las ONG para las que trabajan, infrinjen las leyes nacionales aprovechándose de su condición de foráneos, subestimando a nuestro país en un proceso de reconstrucción social.
Ahora bien, como dije los problemas mencionados -y muchos más- no son exclusivos de la nacionalidad; debo admitirlo para no caer en una apología a nuestra cultura decadente y consumista. El problema del consumo descontrolado de alcohol y drogas de cualquier tipo es uno de los vicios de este sistema económico y sus modelos. El combate al narcotráfico se topa con la adicción a la cocaína y al éxtasis de los hijos e hijas de embajadores y de diputados; se topa con el consumo de marihuana, ácidos, heroína de los directores de ONG´s, de los funcionarios públicos en cargos de mucho poder; se topa con el alcoholismo en fase crónica de un joven empresario de descendencia turca y de la esposa del cónsul de un país europeo; se topa con las ambiciones inescrupulosas y la falta de sensibilidad humana.
Este acontecimiento refleja toda esa problemática, que en nuestros países, tiene el agravante de la impunidad.
¿Qué se puede esperar de EL FARO, de Bernat Camps y de la comunidad española, además de una disculpa pública televisada con la institución gubernamental, de las muestras de condolencias públicas a la familia y del seguimiento al proceso penal del infractor de la ley?
Que sean más meticulosos con el personal que sustenta la información de su periódico virtual; talleres de formación de valores como el respeto, la identidad y sensibilidad humana; oportunidades de rehabilitación para alcohólicos y drogadictos -aunque sean extranjeros- que ya trabajan en la organización; evitar contradicciones ideologicas y de prácticas, para que no pierdan su credibilidad, por ahora, en tela de juicio. Esto podría ser extensivo a las demás ONG´s, ya que, para la burocracia tenemos el incipiente Tribunal de Ética Gubernamental.
Si las organizaciones que gozan del financiamiento y de la cooperación internacional, que impulsan procesos de defensa de los derechos humanos, del respeto a los derechos de la mujer y de la niñez, que impulsan políticas que combatan a la desigualdad y la injusticia de los sectores vulnerables y empobrecidos de El Salvador, tienen como voceros, representantes, directores, colaboradores a personas insensatas y sin ética, ¿Qué tipo de sociedad nos están ayudando a reconstruir?

5 de marzo de 2011

CeBit 2011: La central de los Robots

Terminó la feria de exposición tecnológica más importante del mundo, realizada en Hanóver, Alemania desde 1970.
Este evento despierta en mí, e imagino que en muchas personas más, un breve conflicto; ya que, cuando leí sobre los avances en telecomunicaciones y software; y cuando vi a los ingenieros, científicos y técnicos con su lenguaje corporal que denota supremacía junto a las computadoras en miniatura, juegos, nuevas perspectivas para la mirada, no supe si sentirme orgullosa del género humano o temerosa. Es decir, el hecho de saber que la compañía Tobii mostró un prototipo de computadora portátil que es controlada con la vista por completo, incluso, detalles como aumentar el zoom de una imagen, me deja patidifusa. En contraparte, una sensibilidad ingenua y de segunda mano me embarga cuando pienso en las dificultades que padecemos en nuestros países empobrecidos con el acceso a la tecnología, aunque sea la más "primitiva". Hay lugares en San Salvador, verbigracia, que los jóvenes entre 12 y 16 años aún no tienen la posibilidad de tener una computadora a su entera disposición, mucho menos, a las herramientas que el internet ofrece. De hecho, una hora en un cibercafé cuesta entre $0.50 ctvs. y $1.00 y la mayoría que puede pagarla la desperdicia en las redes sociales. Ahora bien, ese pensamiento sospechoso se acaba cuando sigo observando las maravillas de la CeBit 2011. La compañía Gostai presentó al Robot Jazz, el cual puede sustituir a un supervisor o a un empleado que realiza monitoreos periódicos en lugares como bodegas. Otra máquina inteligente que estuvo presente fue Pleo, el robot dinosaurio interactivo.
Dentro del recorrido en la galería de imágenes del sitio web oficial de la exposición CeBit, me encontré con la fotografía impactante de un hombre saludando a una máquina humanoide. El robot con el que el humano estrechaba su mano era nada más ni nada menos que el bebé de Engineered Arts; RoboThespian

Este "juguete", valorado en más de $95,000.00, es el Robot Actor, cuyo concepto según el sitio web de RoboThespian, es entretener, recitar poesía, cantar, actuar obras de teatro. Habla con fluidez más de 15 idiomas. Ríe. Llora. Se sonroja. Puede entablar una conversación básica y perfecta con un ser humano. No tiene mucha agilidad en sus "miembros" inferiores, pero pronto la tendrá.


RoboThespian fascinó a los españoles hace un par de años cuando en el Parque de las Ciencias de Andalucía en Granada, recitó versos de Federico García Lorca. Es realmente sorprendente.
Esto me pone a pensar, lo qué pasará cuando estos prototipos sean más comunes, superiores y sofisticados, al extremo, de escribir poesía con la cadencia perfecta; novelas con la trama más atrapante y exquisita; de pintar paisajes urbanos y reservas forestales en acuarelas sublimes; de hacer tatuajes; graffittis; de innovar bailes; etc. con sólo que el "artista" le entregue el hálito del "talento" con un soplo por algún puerto. ¿Cuánto durará la resistencia de los artistas humanos? Es tan incierto. Pero parece que sucederá.
Me remito a la novela de Jorge Galán, "El sueño de Mariana" en la que, la proliferación de la tecnología de clones, deja sin alternativas emocionales y sentimentales a un jovencita que opta por dormir eternamente.
Supongo que gracias al saqueo histórico en nuestra región, aún estamos un poco lejos de esa realidad; aún puedo salir a escuchar -aunque no sea la mejor poesía- a algún poeta bohemio, de carne y huesos y sangre y neuronas humanas, en algún bar sórdido de la capital, a la vez, que me admiro del impulso desigual de la tecnología en el mundo. Es reconfortante saber que aún puedo soñar y volver a despertar.

4 de marzo de 2011

Cuatro poemas del último libro de Derek Walcott

En el village

I
Salí por la boca del metro y allí había gente
de pie sobre los escalones como si supiera
algo que yo desconocía. Era la Guerra Fría,
la lluvia radiactiva. Pude ver que la avenida
estaba desierta, toda ella, y pensé que los pájaros
se habían ido de las ciudades y que una plaga
de silencio cubría sus arterias, en la guerra
habían luchado y la perdieron y nada vago
ni sutil hay en este horrendo abismo neoyorquino.
El estruendo machacón de un altavoz avisaba
a los rezagados, acaso amantes de paseo,
de que el mundo se iba a terminar aquella mañana
sin nadie en el trabajo en la Avenida Sexta o Séptima
en aquella perspectiva horrenda y sin contestar.
No era modo de morir, pero tampoco era vida.
En fin, si ardíamos, al menos era en Nueva York.

II
En Nueva York la gente está en una telecomedia.
Yo aparezco en una telenovela hispana, una
en que a un viejo de cabellos como garza una pena
invisible le hace temblar, una aflicción obscena,
y en secreto la cuenta hasta que su rostro delata
arrugas cual paréntesis que su ficción revela
para honda vergüenza propia. Oye, es la vieja historia
de un corazón quijotesco, que en su empeño no ceja
sin importarle a qué se enfrenta. Una cosa de esas
que a nadie romperá el corazón, ni aunque un coronel
rucio se lance del caballo durante la carga,
una batalla que no lo hará estatua. Es el infierno
del amor común, no correspondido. Mira: garzas
cansinas marchan cual tropa despeinada, pancartas
blancas que amarridas se arrastran, son la gran llaga
pálida de un viejo en sus memorias, coplas escritas
que despliegan sus alas como secretos a voces.

III
¿Quién se ha llevado de aquí mi máquina de escribir,
que me ha convertido en un músico sin su pïano
al que se le presenta un vacío claro y grotesco
como otra primavera? Me brotan las venas, harto
voy de poesía, soy papelera de alambre negro.
Visibles son las notas: las antenas los gorriones
llenan como pentagramas, así era en primavera,
mas fríos los tejados están y el gran río gris
por el que se desliza un buque, imponente cual monte
invernal, avanza imperceptible como los años
acumulados. No hay motivo para perdonarla
por lo que yo mismo me he buscado. Atrás queda el odio,
atrás mi añoranza de Italia, allí la nieve sopla,
absuelve y encanece una cordillera de hinojos
a las afueras de Milán. Tras la ventana aguardo
a que el silbo de un pájaro inicie la primavera
desquiciada, pero siento extraños trabajo y manos
sin mi máquina y su música ajada. No hay palabras
para el transatlántico en el Hudson, para la sarna
de los tejados limpios de nieve. Ni versos, ni aves.

IV. El café la Buena Vida
Si en ocasiones caigo en una quietud entrecana
sentado a una mesa con mantel de rojos cuadros
en la terraza del café La Buena Vida, el tráfico
dominguero en el Village mudo y suave es cual polilla
que trabajase en un almacén, se debe a la edad,
y me cuesta admitirlo, o, es verdad, hasta pensarlo.
Persisten en mí las furias, y aunque mi rabia en casa
sea ilógica, diabética, mi amor no ha menguado
pese a que me tiemble la mano, mas no en esta página.
Muy sana está mi lujuria, pero, si por acaso
todas mis torres se secan hasta desmoronarse,
la dicha curvará cañas y juncos con la euforia
de mi pluma de camino a Vieuxfort, los limoncillos
blancos al sol y, en cuanto al mar que rompe en la bahía
de Praslin, todo se resume en la gracia consorte
que la muerte un día habrá de arrancarme de las manos
hoy sobre este mantel a cuadros en este buen sitio.

Derek Walcott (Castries, Santa Lucía, 1930) es poeta, dramaturgo y pintor. En 1992 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Walcott es autor de una vasta obra que incluye más de quince libros de poesía y alrededor de treinta obras de teatro. Estos poemas pertenecen a su último libro, White Egrets (2010), traducción de Luis Ingelmo y publicación de Bartleby Editores, España.

Antonio Canova

Dando una vuelta por The State Hermitage Museum, en San Petersburgo, Rusia; me fue inevitable no flecharme con la escultura de mármol de Antonio Canova que representa a Eros y a Psique contemplando a una mariposa. ¡Impresionante! El mito, en sí, es cautivante y aleccionador; pero el trabajo de este escultor neoclásico es insuperable. Dentro de la obra de Antonio Canova se encuentran más de quince muestras entre criptas y esculturas.
En el recorrido virtual de este museo, gracias a Google Art Project, tuve el placer de encontrar otra obra titulada "Las tres gracias". Diosas menores de la mitología griega; Aglaya, Eufrósine y Talía, respectivamente.
Aparecen apoyadas en un sólo pie y asidas la una de la otra lenemente. Me fascina la calidad del trabajo en mármol, la voluptuosidad, y la elegancia.
En el Museo de Louvre en París, se encuentra otra muestra de este artista de origen italiano: "Psique reanimada por el beso del amor". Igualmente, fantástica. Recomiendo que hagan uso de esta herramienta en Internet, mientras se sacan el billete premiado de la lotería o ahorran lo suficiente para viajar a Rusia, París o Milán, y contemplar en persona la obra de este escultor.