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5 de noviembre de 2010

Que mueran los moribundos que estorban en los caminos

Conocí a una mujer cuyo rostro hermoso solían confundir con un carácter afable, un espíritu bondadoso y un temperamento fuerte.
Esa mujer murió ayer.
Un conocido en común se lamentaba por su muerte, mientras yo sonreía a todo el mundo.
Me preguntó: ¿No la vas a extrañar?
Le respondí: Voy a extrañar a su rostro; pero a su espíritu malévolo, a su carácter irascible y a su temperamento quebradizo, no.
Entonces, comenzó a sonreir conmigo.

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