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27 de octubre de 2010

Subestimar a las personas es crear enemigos invencibles

“Quien ha creído haber comprendido algo de mí, ha reconstruido algo mío a semejanza suya; quien no ha comprendido nada de mí, negaba que yo hubiera de ser tenido en consideración en modo alguno” Ecce Homo, Friedrich Nietzsche.
Imagino a los contemporáneos del filósofo balbuceando detrás de él, mientras levantaban con cierto desdén sus tazas de café. Un siglo después no se sabe mucho sobre sus detractores y él, es y será un paradigma de la filosofía.
Susodicha situación me ha llevado a reflexionar sobre la importancia de no subestimar a las personas, ya sea, a su intelecto como a su espíritu; pues, sería entregarme maniatada a una mortandad sin sentido o a un experimento de sus instintos de no sucumbir a la maldad. Por ello, me gusta mucho escuchar a las personas. Me gusta imaginar cómo serían frente a una circunstancia distinta a la que viven, así, evito ser sorprendida por alguna "amistad" o "compañerismo" doloso y puedo beber un té con mayor tranquilidad.

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