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9 de diciembre de 2010

La vivencia del escritor. Segunda entrega

VIVENCIA es una palabra introducida en la lengua española, derivada de la traducción de la palabra alemana Erlebnis; por el filósofo y escritor José Ortega y Gasset.
VIVENCIA es el segundo elemento indispensable para que una poesía sea con entereza auténtica.
El planteamiento filosófico de Ortega y Gasset sobre la vida, entendida más allá del cuerpo físico, de la mente y del alma, hace referencia a una sucesión ininterrumpida de experiencias que determinan la realidad de vivir. Su tesis filosófica es amplia y un poco complicada, sin embargo, la definición de esa palabra es la más acertada para la reflexión que pretende esta entrada.
La VIVENCIA del escritor debe entenderse como la aprehensión constante de la realidad de sentir, expresar, pensar, vivir en sí. No se debe creer que la vivencia es un estilo de vida con matices de la bohemia o de la vagancia; mucho menos en la fingida situación de interactuar de manera exclusiva con las personas cuyos intereses sean iguales, en este caso, literarios.
Para tener la autenticidad de la vida individual y colectiva no se requiere de situaciones materiales extravagantes aunque, inevitablemente, las condiciones socio-económicas y políticas influyan en la experiencia del escritor.
Para el caso, existe el ejemplo del pintor holandés Rembrandt quien es considerado uno de los máximos exponentes del barroco en Holanda. Rembrandt nunca salió de su país, nunca fue aceptado con total agrado dentro de los círculos artísticos contemporáneos, su situación familiar y económica eran muy inestable, sin embargo, su obra en pintura es indiscutiblemente majestuosa. Su técnica, el experto manejo de la luz, el efecto de realidad en sus pinturas trasmite toda su vivencia y pone de manifiesto la trascendiencia de su talento. En su caso muy particular su obra nunca refleja la desgracia que objetivamente vivía pero la calma y felicidad que sus personajes y ambientes comunican, es auténtica.
Ahora bien, la disociación que Rembrandt logra con mucho éxito de su vivencia, no representa la obligatoriedad de todos los artistas en la experiencia y aprehensión de su realidad constante.
Existen muchos artistas, específicamente, poetas que su vinculación cotidiana con el mundo biológico, material y espiritual ha sido la inspiración ineludible en su obra.
Para mencionar algunos:

José Martí y su incesante exilio de Cuba por sus ideas revolucionarias.

No, música tenaz, me hables del cielo!
Es morir, es temblar, es desgarrarme
Sin compasión el pecho! Si no vivo
Donde como una flor al aire puro
Abre su cáliz verde la palmera,
Si del día penoso a casa vuelvo...
¿Casa dije? no hay casa en tierra ajena!...
¡Roto vuelvo en pedazos encendidos!
Me recojo del suelo: alzo y amaso
Los restos de mí mismo; ávido y triste,
Como un estatuador un Cristo roto:
Trabajo, siempre en pie, por fuera un hombre,
¡Venid a ver, venid a ver por dentro!
Pero tomad a que Virgilio os guíe...
Si no, estaos afuera: el fuego rueda
Por la cueva humeante: como flores
De un jardín infernal se abren las llagas:
Y boqueantes por la tierra seca
Queman los pies los escaldados leños!
¡Toda fue flor la aterradora tumba!
¡No, música tenaz, me hables del cielo!

Emily Dickinson; su soledad, su jardín y su biblia.

En mi flor me he escondido
para que, si en el pecho me llevases,
sin sospecharlo tú también allí estuviera...
Y sabrán lo demás sólo los ángeles.

En mi flor me he escondido
para que, al deslizarme de tu vaso,
tú, sin saberlo, sientas
casi la soledad que te he dejado.



Roque Dalton; con las contradictorias emociones que despierta en el gremio, un poeta cuya vivencia nunca estuvo lejana de su obra.

El gran despecho

País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo

antes creía que solamente eras muy chico
que no alcanzabas a tener de una vez
Norte y Sur
pero ahora sé que no existes
y que además parece que nadie te necesita
no se oye hablar a ninguna madre de tí

Ello me alegra
porque prueba que me inventé un país
aunque me deba entonces a los manicomios

soy pues un diocesillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo
tú eres ex patria)


Nina Cassian; rumana y comunista en la mitad del siglo XX. Sin palabras.

Un hombre

Cuando al luchar por la patria
se pierde un brazo, surge el miedo:
En adelante,
haré todo a medias.
Recogeré, la mitad
de la cosecha de los campos.
Y al practicar en el piano
sólo tocaré la melodía
o el acompañamiento,
pues no estoy capacitado para toda la partitura.
Sólo golpearé
con un puño
en las rígidas puertas,
y mi amor se dejará abrazar
sólo a medias.
Hay cosas que nunca haré,
por ejemplo,
aplaudir en las grandes fiestas.

Desde ese instante, todo lo hará
dos veces.
Y en lugar del brazo descuajado
le crecerá un ala.


Derek Walcott; y su nostalgia caribeña.

Has olvidado el calor. Podría venir ardiendo de una cerca de zinc.
Ni siquiera las palmeras de la orilla del mar se agitan en paz.
El Imperio se mofa de todos los pensamientos en futuro.
Sólo los bajíos de este océano interior murmuran
versos de otro mar, al que éste recuerda-
mitos de islas análogas de olivo y mirto,
el sueño del Golfo adormilado. Aunque sus templos,
bloques blancos contra el verde, sean hoteles, y sus pórticos
centros comerciales, con el tiempo harán buenas ruinas;
por lo tanto ¿qué más da si la mano del Imperio es tan lenta como
una tortuga firmando el oleaje en lo que se refiere a tratados?
El genio llegará a contradecir la historia,
y está ahí en sus cuerpos tostados, en las olivas de los ojos,
como cuando los chulos de la Atenas demótica entretejieron el caos
de Asia, y las chicas de las aldeas de estacas, putas teñidas de alheña,
eran las hetairas. La marea vespertina baja, y el hedor
de imperios ulteriores -alzándose de bayas que orlan
los dobladillos de tiranos y playas- alcanza un tribunal
donde las nubes descienden sus escalones como senados que pasan,
no diferentes de cuando, bajo hojas de mirto que canturrean,
compartieron una sombra, el poeta y el asesino.


En fin, hay una diversidad inmensa de expresiones poéticas que tienen como base la vivencia sin tapujos, del escritor.
Ahora bien, llegar a ese punto de comprensión de la realidad persistente en todas las perspectivas que tenemos los seres humanos, requiere del desarrollo de una conciencia persistente también.
Además, en la manifestación artística ya sea poética, musical, plástica, arquitectónica -aún más compleja, pero no imposible como lo constatara el apreciado arquitecto brasileño Oscar Niemeyer- es inherente del proceso creativo, la acumulación de las vivencias.

De este modo, el primer requerimiento del escritor -dicho así no por el orden de su formación, pues, pueden surgir o negarse o superarse de manera casi simultánea, si no, más bien por una razón didáctica- es la identificación de un SENTIDO COMÚN, entendido como la serie de conocimientos percibidos de manera espontánea e irreflexiva que determinan la convivencia prudente de la sociedad en la que vive, no de una foránea. Dicha "convivencia prudente" puede estar sujeta a una gama de intereses, no necesariamente, de beneficio universal.
En esta etapa pimigenia el poeta se encontrará que al identificar el SENTIDO COMÚN que ha acomodado su devenir social, éste saca a flote todas las contradicciones que en su seno se han formado; desde su configuración personal dentro de la familia, así como en general por medio de la historia.
De ahí que el cuestionamiento y razonamiento surge como una necesidad urgente de resolver y ésta a su vez se traduce en una ACTITUD FILOSÓFICA.
Al respecto es pertinente acotar que no se trata de leer todos los compendios de filosofía ni de la postura pensante como la de una escultura, si no del ejercicio de interiorización de una cuestión, respuesta, y una actitud frente a su realidad.
Se trata de adoptar con razón deliberada una concepción del mundo y ésta puede ser tan diversa que depende solamente de la experiencia.
Así tenemos a un Walt Whitman cuya obra le conformó en un hito de la poesía universal, uno de los pioneros del verso libre, rompiendo los esquemas de la métrica y mostrando una actitud filosófica de un incipiente futuro posmodernista; y por la mera vivencia, no por la capacidad de análisis y síntesis de un planteamiento. Nunca departieron en un bar con el intelectual de su época Nietzsche, considerado como el primer filósofo posmodernista o que se divorciaba del modernismo; sin embargo, ambos respondían a una ACTITUD FILOSÓFICA nacida de la vivencia individual y colectiva.
Así tenemos la formación de generaciones de poetas y poetisas enlazados por una corriente de pensamiento, manifiesto o no en su obra; verbigracia, la Generación del 27 en España, la Tercera Vanguardia en Suramérica, la Generación Comprometida en nuestro país, actualmente, la Generación del Crack en México, la Generación McOndo, etc. en las que todos responden a un contexto económico, social, político, militar, en fin, una postura filosófica.
Ese proceso íntimo y perenne de la realidad del escritor con su cotidianidad; de la aprehensión de los elementos biológicos, materiales y espirituales de su vivencia se puede expresar de diversas maneras en la producción literaria, específicamente, en la poesía. No existe un género literario que enarbole con exclusividad la manifestación de dicho proceso.
Un hecho innegable es que este proceso visto desde la aplicación del método analéctico -método que sustenta todas las perspectivas, opiniones y sugerencias de este blog- sugiere que la actividad literaria puede incidir en las crecientes generaciones de las sociedades, puede incidir en el SENTIDO COMÚN de una nación entera, puede superar a la ACTITUD FILOSÓFICA imperante en el caso de que la producción literaria tuviese un eje transversal filosófico; tenemos por ejemplo el Manifiesto Creacionista a principios del siglo pasado o la exposición colectiva de los Impresionistas en el siglo antepasado, etc.

En nuestro país, un movimiento literario encaminado a la superación de las taras colectivas de los resabios de la guerra y la promoción de la mediocridad por encima de la imagen, es urgente. Y esto no quiere decir que se deben de realizar festivales a diestra y siniestra; si no de la tarea consiente de los incipientes escritores que tenga como base la honestidad, en primer lugar, luego el compromiso y la disciplina.
Actualmente, la actividad literaria nacional se está haciendo independiente de que haya una crisis económica, de valores, de cultura. El quehacer literario se realiza ya sea que sea aceptado o rechazado por las personas.
Lamentablemente, la desidia o el repudio infundado a la incipiente producción literaria, cuya enorme tarea es dejar una tradición y no más zozobra; esa indolencia de critica sin seriedad y altamente sospechosa lo que refleja es la mediocridad que se hereda de generación en generación.
Tenemos el otro extremo, gente que ni siquiera quieren leer a Roque Dalton, lo desmeritan apriori por subersivo... ¡Sin palabras!

Con la perfecta claridad del poeta o poetisa de su postura dentro de la realidad, del bagaje que su vivencia le proporciona, del aporte que puede brindar ya sea en el cambio o en la enmienda de la misma; éste desarrolla una LABOR POÉTICA, es decir, hace florecer su estilo, ritmo, su forma de trasmitir las emociones que la conciencia de su verdad constante, que su experiencia le produce a él y a su lector. Perfecciona sus imágenes, expone su percepción de la beldad o fealdad, de la justicia o injusticia, del amor o del odio, de la ira o de la alegría, paz o guerra, puede invitar a la reflexión o al placer, etc.
La generación de una LABOR POÉTICA es el distintivo manifiesto del talento, y éste, cada vez más, requiere del último elemento para el poeta auténtico: LA FORMACIÓN LITERARIA.

22 de noviembre de 2010

El poeta vrs. el poetastro. Primera entrega.

Tres son los elementos indispensables para escribir poesía auténtica e ineludible; sobre todo en un país minúsculo, miserable y con resabios de una guerra sospechosa como El Salvador.

El primer elemento es el TALENTO.

El talento de un individuo se nota desde el primer poema, aunque éste sea ingenuo y necesite corrección. Sin embargo, existen algunos componenetes precisos que deben de apreciarse en ese intento poético: inspiración, ritmo, cadencia, vigor, imágenes, alegorías o realidades peculiares. Dichos componentes en estado primitivo son los que se cualificarán con el denuedo, la técnica y la disciplina; además de ser los ejes transversales de la trayectoria literaria del poeta.
Si se tiene un atisbo de talento, las herramientas de formación como la lectura sistematizada, los ejercicios retóricos, las licencias poéticas y todos los recursos literarios, hacen prosperar a ese germen con mucha facilidad y éxito.

Ahora bien, una visión falsa de la promoción cultural ha provocado que un montón de seres se autopromuevan como poetas o poetisas, con aspiraciones evidentes a pertenecer a la "élite cultural" del país. Lo lamentable de esa efervescencia de voces nuevas, es que la mayoría de su propuesta literaria -salvo algunas excepciones dignas de un aplauso- es decadente, trillada e irreflexiva; y que debido a una especie de "corrupción artística" se le celebra como un hecho connotable del fomento literario. De hecho, la web se ha constituido como un medio de difusión despótico y precario de esa espontaneidad poética.
El escritor joven necesita, en determinado momento, una dirección en su incipiente proceso creativo. No necesita adulaciones de padrinos con intereses mezquinos, o herencias estéticas y éticas de compadrazgos bohemios, o mucho menos, promociones efímeras sujetas a la disposición sexual del promovido.
Cierta ocasión, escuché una poetisa hablar sobre la dinámica social de los escritores salvadoreños y denominarla: "el mundillo literario"; en alusión, prefiero llamarle: "la selvilla literaria". Una selva en la que, depediendo del animal que le reciba, así será el devenir artístico del neófito.
El poeta joven se encuentra frente a dos extremos en el vértice sombrío del quehacer literario nacional: Por un lado, están los monos aulladores y danzarines que incluyen a cualquiera que desee saltar en los bejucos con ellos; y por otro lado, están los tucanes exóticos, bellos y siempre en la altura.
En otras palabras, tenemos a los primeros personajes con un recorrido difícil y excluyente pero con talento, que con ánimo incluyente ven al proceso creativo del poeta naciente con una melancolía patética y mediocre; no promueven la lectura, no tienen criterios de calidad mínimos y son deshonestos. Los segundos, son personajes con talento pero muy individualistas, displicentes y apáticos a la tarea de la formación literaria. Dos extremos nocivos. Inspirados quizás por sus tendencias ideológico-políticas. Los monos seudo socialistas pregonando un "arte popular" sin belleza. Los tucanes neutrales, egoístas, haciendo alarde de la cosmética poética.
El poeta joven debe ganar un derecho de piso fangoso. Las oportunidades son torcidas. El talento suele relegarse a un segundo plano; y eso es un error muy costoso.

La solución no está desvinculada de las políticas gubernamentales, ni de las condiciones socio-económicas del país. De hecho, la Secretaría de Cultura es una institución valiosa de la que deberían de apoyarse con entera confianza todos los literatos del país; asímismo, los esfuerzos independientes son importantes, siempre que ambos estén al margen de la demagogia artística y de los estigmas de pre y post guerra.
Una alternativa de valoración del talento, que es urgente, es la crítica literaria. Una crítica objetiva, técnica, desinhibida, y que aporte a las mentes jóvenes una agudeza intelectual.
Otra es el fomento de las diversas ramas del arte de escribir; ¿Por qué la mayoría comienza a escribir poesía, en lugar de cuentos? ¿Es más fácil escribir un verso que una historia? ¿Por qué la gente repite imágenes, metáforas e incluso, poemas enteros en sus "producciones poéticas"? ¿Cuántas novelas se han publicado en los últimos cinco años, que no sean de escritores con una trayectoria literaria? ¿Qué hay de los guiones teatrales, los ensayos, las crónicas, etc.? Los talleres de escritura deben ser holísticos y heterogéneos, además, de ser asequibles para todos los interesados. Nótese que no hablo de un bacanal gratuito de conocimiento.
Por último, otra urgencia es un cambio de actitud del gremio. La poesía es más que un estilo de vida bohemio o sedentario, es una entrega espiritual de belleza, es un film subjetivo y objetivo de la realidad que se hace por medio de las palabras, de la música interior y del segundo elemento indispensable para el poeta, la VIVENCIA.

17 de noviembre de 2010

Analéctica

Me satisface escribir cuando sé que mis palabras son el referente fiel de mi pensamiento.
Me satisface mucho más, volver a lo escrito para sentir que mis pupilas se agrandan y mi rostro se enrojece de vergüenza, al enterarme que mi pensamiento es todo lo contrario porque ya se superó.
Sin embargo, me satisface, aún más, reescribir lo escrito y contemplar como una hebrea impotente la forma inescrupulosa en que se eleva, la espiral babélica del pensamiento.

15 de noviembre de 2010

La madre

Toda la cobardía que albergo en mi carácter se lo debo a la madre.
Asímismo, le debo los arrebatos de valentía frente a la injuria, a veces, sufrida.
La madre, era una heroína en mis fantasías adolescentes; sobretodo cuando relataba la última vez en que el padre la golpeó:
En la cima del módulo de madera oscura se veía la culata de la pistola. Él, borracho y violento, quiso golpearme más. Sin embargo, a pesar de mi pequeña estatura, logré asir el arma y le apunté. Quedó perplejo mientras le advertía que si me tocaba otra vez, lo mataría.
Y una sonrisa terminaba la historia.
No me gusta pensar en todo lo que la madre soportó; cómo se acostumbró al dolor y al silencio, cómo canalizaba la neurosis con violencia, cómo desarrolló esa enfermedad cardíaca que le atañe; porque sería cargar con un sufrimiento que no me corresponde.
Considero que el hito de la maternidad responsable es el paradigma predilecto del feminismo mediocre. Las familias monoparentales no son las mejores: en los suburbios de la ciudad son la mayoría y la capital entera es un caos.
La madre me recuerda eso a cada momento.
Por eso, me gusta charlar con ella. Su intelecto se agudiza con los años y, mientras mi hija juega cuando nos visita en casa de mi abuela; las dos, podemos ver con mayor claridad el papel nefasto de las madres solteras en la actualidad.

11 de noviembre de 2010

Las ratas

Estábamos en la sala de la vieja residencia en la que crecí. Mi padre, mi madre, mi abuela y mis hermanas.
Nuestra sala era pequeña, con mesitas de vidrio polarizado y sillones azules. En la pared más ancha, colgaba una reproducción de la pintura más conocida del artista inglés John Constable; "El carro de Heno". Probablemente el cuadro fue obtenido en un mercado de pulgas, ya que, he lo he visto en varias casas con las mismas dimensiones y el mismo marco.
Era tarde, una tarde opaca. Hablábamos y reíamos mucho, como muy pocas ocasiones ocurría. De pronto, nuestra algarabía fue interrumpida por un sonido agudo detrás de la réplica colgante. Mi abuela se asomó para escuchar mejor y levantó el inmenso cuadro. Había un enorme agujero. Parecía el interior de una alacena secreta; parecía que habíamos abierto la puerta de un establo en miniatura: hierba seca, cajas, latas viejas y corroídas. Atisbé y, las palpitaciones de mi corazón fueron más fuertes cuando sorprendida, vi a una rata enorme de pelaje amarillo correr hacia la segunda planta de la casa. Todos reían por la velocidad con que huyó el roedor, cuyo tamaño era mayor que el de un gato. Mi padre bromeaba -como siempre- y llamó a los gatos para que la buscaran. Aparecieron de la cochera dos gatos como perros de caza, dispuestos a la persecución. Al escucharlos maullar, salieron del cubil sórdido de la pared, más ratas, muchas más. Corrían por todos lados, hacia la cochera, hacia el comedor, hacia la segunda planta y, con horror, hacia nuestros cuerpos. Mi padre continuaba burlándose de la situación. Mi madre permanecía callada, con una sonrisa en su rostro; y mis hermanas temían porque las ratas estuvieran en sus camas.
Quería irme.
Recordé que ya no vivía ahí, que mi esposo me esperaba, y me despedí de todos. Cuando iba a salir, una rata blanca, cayó en mi espalda y me rasgó con sus dientes...
Desperté.
Mi celular marcaba la 1:00 am.
Salí del dormitorio a beber un poco de agua y mi gatita salió de su cama improvisada en unas bolsas de tela para el mercado; maulló como saludándome; estiró sus patitas y se aproximó a su plato de comida.
Mientras comía me percaté de que el sonido que hacía, era muy parecido al sonido agudo que interrumpió la reunión familiar en mi sueño.

Cuando la vi, noté que su pelaje blanco parecía amarillo, que su cola era oscura y delgada, y que, además, su tamaño de gatita de tres meses, la asemejaba a una rata.
Me acerqué y le acaricié, solamente para cerciorarme de que era mi Lou Salomé.

6 de noviembre de 2010

El padre (Catarsis del abandono)

Cansado de bromear, gritar y tomar decisiones en la empresa, el padre había vuelto a casa para descansar. Sus piernas, cubiertas por vellos ásperos al tacto, posaban sobre mis piernas con su inherente sensualidad. La madera de ébano del bar se parecía al color de su piel, o quizás el ron añejo en su interior era más parecido. Sin lugar a dudas, el café oscuro de la mariconera era igual al color de su tez, la cual mis manos acariciaban con la fineza de un cariño impúber.
Once gatos maullaban al unísono por toda la cocina, y el padre sonreía como un semidiós felino mientras era ovacionado por sus devotos.
Así era él, ese hombre en la memoria, el padre en mi infancia; un hombre caprichoso y bufón que hablaba de carros, negocios y armas.

Cuando el fútbol dejó de sintonizarse en nuestra televisión supe que el divorcio se había consumado.
Luego, las visitas del padre eran apariciones cargadas de culpa y violencia. El dinero se volvió un reproche telefónico que rodaba entre la madre y él.

Desde hace quince años no veo al padre, por ende, no lo extraño.
Muchas figuras paternas le han sustituido durante ese tiempo: profesores, novios, jefes, amigos, incluso, otros padres. Así que le conozco. Sé como ríe frente a una cerveza enlatada. Sé como habla sobre la falacia de las elecciones presidenciales; como flirtea con las mujeres jóvenes; como se altera con un gol del Firpo y, sobre todo, sé como justifica la lejanía de su primera familia.

En las tardes veo a mi padrino quien dejó de tomar café y hablar de filosofía para vender zapatos; sé que el padre lo haría también. Tengo un amigo que asegura que si cae en bancarrota se levantará desde los más finos escombros, así como el padre lo hace en un país distante. En mis dedos se enreda el cabello crespo de mi joven amante y sé que en el cabello crespo del padre se enredaron los dedos de una mujer altiva.

Mi abuela insiste en llamarle "tu papá" con un tono cándido y vibrátil como mi otrora cariño impúber.
Sin embargo, ¿por qué tendría que incomodarle llamándole "padre" después de tanta ausencia y reproche?
La paternidad es una alternativa del individuo para inmortalizarse que debe cumplir, además, la condición de ser recíproca.

Conozco al padre, por ello, es preciso que él no me conozca.

5 de noviembre de 2010

Que mueran los moribundos que estorban en los caminos

Conocí a una mujer cuyo rostro hermoso solían confundir con un carácter afable, un espíritu bondadoso y un temperamento fuerte.
Esa mujer murió ayer.
Un conocido en común se lamentaba por su muerte, mientras yo sonreía a todo el mundo.
Me preguntó: ¿No la vas a extrañar?
Le respondí: Voy a extrañar a su rostro; pero a su espíritu malévolo, a su carácter irascible y a su temperamento quebradizo, no.
Entonces, comenzó a sonreir conmigo.

28 de octubre de 2010

Cada vez más cerca

El viernes pasado almorcé con unos conocidos que tengo desde hace un par de años. Fui porque uno de ellos me comentó que se iría esta semana del país y es, precisamente, con quien más he tenido contacto desde que lo conozco.
Acordamos encontrarnos en un restaurante muy popular, donde la comida -para mi gusto- es muy condimentada y sus precios responden a la infraestructura estrafalaria que ostenta.
Llegué justo a tiempo, entré y, de inmediato, reconocí a las dos siluetas. Como no me vieron entrar, pensé en la posibilidad de irme y dejarlos disfrutar de los partidos que se estaban trasmitiendo o de la música setentera que ambientaba el lugar. Empero, sin darme cuenta, es decir, de forma maquinal, caminé hacia ellos y ya los estaba saludando.
En los escasos encuentros que hemos tenido, nuestras charlas nunca han sido tan provechosas, más bien, han sido lúdicas. Considero que les gusta compartir sus fruslerías con las mujeres y viceversa. Eso explica porque tienen muchas amigas y porque hacen alarde de sus "conquistas" y de las mujeres hermosas, con plata, con deficiencias emocionales, etc con las que se han involucrado. Sin embargo, nunca me han molestado sus comentarios e historias fantásticas (ambos son escritores); solamente que en esta ocasión, tenía tanto tiempo de no interactuar con otras personas -que no fueran de mi familia-, que me sentía un poco inquieta.
Como sea me encontraba ahí, con mi habitual silencio; haciendo breves comentarios y evadiendo, por supuesto, preguntas personales.
Los primeros diez minutos fueron tolerables, hasta que el futuro viajero me extendió un obsequio que llevaba para mí.
Era un libro.
Era un libro de un autor que no conozco, premio "no se qué 2010", con una fotografía ridícula en la portada, con un resumen aburrido en la contraportada, y con el agravante de tener una dedicatoria para él, firmada por el autor.
Cuando lo tomé, entendí que hasta ahora mi lectura ha sido víctima del caos de esta ciudad. He leído cualquier cosa, sin método y sin objetivo; y en ese momento, mi conocido lo ponía en evidencia frente a otro menos conocido. Su comentario fue: “ya venía y recordé que me pediste un libro, pero no sabía que traerte; no lo he leído, no sé si es bueno”.
Desde ese instante no dejé de pensar en mi desorden de lectura. Empecé a fraguar un soliloquio en mi mente para explicar el por qué de esa situación y mi silencio fue más notorio.
Almorzamos y nos despedimos.
Al regresar a casa no pude concentrarme en el trabajo que necesitaba terminar.
Al anochecer, tomé el libro, leí diecinueve páginas y supe que no me interesaba.
Retomé la lectura que ya tenía y encontré la solución:
Dividiré mi vida en dos etapas. La primera terminó el día de mi cumpleaños número veintiocho. La segunda iniciará algún día de estos.
Mientras tanto, he comenzado a anotar a todos los autores y las temáticas que me han interesado desde que leí mi primer libro. Sé que poco a poco me iré acercando al tema en el que desperdiciaré mis palabras por el resto de mi segunda etapa de vida.

27 de octubre de 2010

Subestimar a las personas es crear enemigos invencibles

“Quien ha creído haber comprendido algo de mí, ha reconstruido algo mío a semejanza suya; quien no ha comprendido nada de mí, negaba que yo hubiera de ser tenido en consideración en modo alguno” Ecce Homo, Friedrich Nietzsche.
Imagino a los contemporáneos del filósofo balbuceando detrás de él, mientras levantaban con cierto desdén sus tazas de café. Un siglo después no se sabe mucho sobre sus detractores y él, es y será un paradigma de la filosofía.
Susodicha situación me ha llevado a reflexionar sobre la importancia de no subestimar a las personas, ya sea, a su intelecto como a su espíritu; pues, sería entregarme maniatada a una mortandad sin sentido o a un experimento de sus instintos de no sucumbir a la maldad. Por ello, me gusta mucho escuchar a las personas. Me gusta imaginar cómo serían frente a una circunstancia distinta a la que viven, así, evito ser sorprendida por alguna "amistad" o "compañerismo" doloso y puedo beber un té con mayor tranquilidad.

23 de octubre de 2010

Sólo es una confusión

Admito que la posmodernidad me confunde, así como la bolsa de valores y el feminismo de mi país. En este último elemento de mi confusión general me detendré en esta entrada.

Cuando una mujer pregona al feminismo y a la sororidad (palabra sospechosa que no aparece en el Diccionario de la Lengua Española, y que escuché por primera vez en los labios de un hombre, el cual, con una expresión patidifusa me explicó que se refería a la solidaridad entre mujeres), me siento insensata. La insensatez que me embarga tiene dos vertientes: La primera, es la forma desdeñosa, petulante y escandalosa con que las mujeres se han profesado feministas frente a mí; y la segunda, es mi probable traición a la gran comunidad de mujeres en contra del "ejército de los hombres", que Arthur Schopenhauer describió hace casi dos siglos en un ensayo. Según el filósofo alemán, mi soltería después de los 18 años de edad, habría significado (hasta hace un par de semanas, pues ya estoy casada) una deliberada recusación al objetivo femenino de atar a un hombre con el matrimonio. Otras muestras de mi rebeldía hacia el género serían mi cabellera corta, mis inclinaciones hacia la lectura y mis intentos por intelectualizar.
Desde algún tiempo he pensado mucho en las conductas feministas que he observado en diferentes espacios. Recuerdo una noche que departía en un bar capitalino y un grupo de reconocidas dirigentes feministas entró; faldas, sandalias de cuero, bufandas, collares y aretes de semillas, carteras tejidas a mano, blusas teñidas en añil, y compañeras extranjeras. Empezaron a bailar, a gritar, a besarse, a liberarse... y, honestamente, me gustó ver la manifestación de su concepto de libertad, aunque no dejé de pensar en la cantidad de mujeres que han sido asesinadas para que ellas pudieran hacer eso.
Otra vez, recuerdo haber entrado a una casa grande y llena de letreros que pertenecía a una asociación de mujeres, para pedir ayuda como una madre soltera; mientras exponía mi problema frente a dos señoras regordetas y morenas, no dejaban de ver mi cabello, mis manos, mis zapatos, mi cartera y al final, me despidieron con la promesa de llamarme y no lo hicieron.
Luego, conocí a unas chicas en un trabajo que tuve como promotora de licores. Eran madres adolescentes y solteras que llevaban un estilo de vida desgastante: discotecas, alcohol en exceso, muchas parejas sexuales, arrebatos de violencia con sus hijos, descuidos, etc. Y pensé en las posibilidades de estas jóvenes de cambiar su realidad; les pregunté si sabían qué era una ONG feminista y la mayoría de ellas habían escuchado sobre X ONG, empero, ellas se consideraban a sí mismas como feministas porque eran "libres", porque ganaban su propio dinero o porque estafaban a los hombres, porque criaban a sus hijos sin un esposo y otras porque eran infieles.
Frente a esa dicotomía, a esa paradoja del género, me confundí. Y con el riesgo de ser catalogada como misógina, machista, pro sistema, víctima del patriarcdo, y demás adjetivos peyorativos, empecé a cuestionarme si la libertad femenina ha sido practicada como libertinaje, o si la prevención de la violencia se hace con violencia, o si la sororidad, además de no existir en el diccionario, no existe en el mundo y es una invención muy rentable.

La descripción de Schopenhauer sobre las mujeres de su época me parece, en demasía, ofensiva. Sin embargo, no dejo de soltar una risita suspicaz cuando habla sobre algunas conductas que aún prevalecen en la sociedad de mi época. Verbigracia, la siguiente frase: "En la vida de las mujeres, las relaciones sexuales son el gran negocio"; inevitablemente, me remite a la realidad de este país miserable, es decir, a las trabajadoras del sexo que desde algún tiempo salen más temprano a exponerse en las calles, las bailarinas de nigth club, las damas de compañía, las jovencitas que no tienen dominio ni responsabilidad de su vida sexual, los líderes y liderezas religiosas que a duras penas abordan estos temas con lucidez, el acoso homosexual vrs. la homofobia, los hombres que entran y salen de los sitios web pornográficos, los que se embriagan frente a las pistas de baile, los violadores, los jefes, profesores, mecánicos, deportistas, jueces, etc. que reproducen esa frase, etc. Y frente a esa situación, los intentos exiguos del gobierno por educar, el desencanto de la población en la política como herramienta de cambio, los excesos del consumo, el auge de la construcción de la personalidad cibernética, los movimientos sociales cada vez más difusos, etc.
Mi insensatez o, más bien, mi indiferencia (comprendida ésta, como mi reciente apatía hacia las organizaciones sociales, amistades y colectivos religiosos, artísticos y políticos) frente a las constantes deformaciones culturales que se sufren en este país, me vuelve inmune tanto a las caracterizaciones misóginas de Schopenhauer como a la inminente abyección de "ser" o "formar parte de" una lucha de género esnobista.
Lo cierto es que ante el individualismo destructor, los colectivos no son una alternativa saludable para mí.
Es mejor ensimismarme, salir de vez en cuando a recordar que soy humana y no dejar de pagar en internet para llevar una bitácora de cómo soy mujer y dejo de ser; escribir en soledad, y caminar los días feriados por un centro comercial para confundirme con las feministas que andan comprando; preparle la cena a mi esposo o meter su ropa en la lavadora mientras escucho música de Alejandra Guzmán, Ely Guerra, Rossana o Amaral:
"Las chicas de mi barrio
llevan el sol en la cintura;
nos hizo quemaduras
aquella libertad,
como ninguna"
Considero que es mejor que me llamen Mujer, en lugar de Feminista.